Belleza irrisoria

¿Por qué lo hiciste? No lo sé, respondí, pero hoy conozco mil razones.

Me gustó la belleza irrisoria,

sesenta segundos un idiota,

las alucinaciones simples,

los pasajes nocivos,

todas las monstruosidades, noche con fin.

La mañana refresca,

¡cuánta malicia!

Hacía el silencio y ahora tengo un reloj que no suena.

Desengañada, algunas veces le dije: hora de mi huida , ¡¡ay!! pobre de ti,  te comprendo,

curado como el moho.

Agacha la cabeza, ¡y ahora tú, banal monigote!, la hilaridad se ha acabado, largo al escondrijo ya no tengo tiempo para ti. 

 

 

                                         .Orlom en Notas de Lunius.

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Regreso

Nueve meses, una semana y cinco días me había marchado, cuando desperté ya era mediodía, tomé el papel senil y el plumero rancio,  escribía lo inexpresable, violaba la escritura, me oponía a la traducción, inventé mis palabras.

                                        .Orlom en  el octavo mes del calendario romano.

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Parte I, Ningún Título

– La Luna le preguntó al Sol; ¿Por qué no me escribes como lo solías hacer?
– Él ya no brillaba como antes y le dijo; ¿por qué no logras distinguir las cosas más obvias de este mundo?
Hoy el día se cansó de la noche, ¿acaso no sientes como las venas ahogan el corazón?
Hoy solo quiero dormir.
Buenas noches Luna.

XIX-II-XIII

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El hombre del candelabro.

No sabía si estaba enloqueciendo pero desde mi visita a uno de los museos del Castillo de Montwimer no podía conciliar el sueño, me perdía en el abismo de la noche como si estuviese en otra dimensión. Soñaba con él y veía su silueta cada noche al tocar las manecillas del reloj las 3:00 am, lo veía ahí posando aún lado de ese trasnochado candelabro de mi habitación.
Habían pasado 75 días desde que me mude de York, Inglaterra a un poblado de la región de Languedoc al sur de Francia. Ya era Octubre de 1991 y el invierno se empezaba a notar, los vientos brumosos opacan la esbeltez de Languedoc, mi mente seguía asfixiada, sentía el ansia de regresar a Montwimer y rencontrarme en ese lugar donde le vi por primera vez.
Al día siguiente desperté muy temprano y salí corriendo a casa de Nadja, ella pensaba que en realidad estaba trastornada con el cuento del hombre en mi habitación pero no tenía por qué pensar que estaba loca, hay muchos por ahí que tienen manías raras, le convencí de viajar hacía aquel inquietante lugar. Tomamos un tren a primera hora, debo admitir que estaba nerviosa nunca me gusto ese maldito tren.
Llegamos a mitad del día apresuradamente subimos la colina para llegar al lóbrego Castillo, me adentre en una de sus salas donde vi aquella antediluviana pintura, la observe con detenimiento, la fisonomía del hombre en ese retrato era completamente antropomorfa, partes de su cuerpo se mostraban calcinadas, era un boceto nauseabundo y las monstruosidades en sus ojos a medio terminar echaban miradas que parecían el vivo infierno, su rostro mostraba el singular aspecto de la culpa y el deseo.
Mi corazón empezó a latir rápidamente, una presencia perversa invadía la atmósfera del lugar, con las piernas temblando giré la cabeza hacía el final del pasillo y ahí estaba ese hombre sentado sobre ese viejo sofá en desuso, me encontraba totalmente confundida ese era sin duda otro hombre, no tenía para mi percepción alguna relación con el retrato de la pintura, su porte figuraba el de todo un caballero de la edad media, uno de esos varones privilegiados y poderosos.
Comencé a acercarme, algo me incitaba hacía él pero este se iba desvaneciendo, todo paso tan rápido que mis ojos no alcanzaron a grabar completamente su rostro solo sabía que su cabello era de un color castaño oscuro, largo y quebradizo y su piel más que blanca era un pálido muerto. En otro intento fallido por acercarme a la razón de mis noches sin sueño, regrese a encontrarme con Nadja en la biblioteca, una de las más grandes de Montwimer y que se encontraba precisamente en este Castillo, Nadja ojeaba un antiguo libro que describía la caza de brujas en la edad media, ¡por dios! la pintura que me estaba enloqueciendo estaba descrita ahí, comencé a leer con desespero y por alguna estúpida razón aparece ese hombre en una de las páginas del libro, era un miembro de la familia de los Mezmerist, uno de los caballeros Templarios que fue perseguido por autoridades eclesiásticas acusado de inmoralidad, blasfemia y ocultismo y asesinado bajo tortura en Octubre de 1307 junto a otros 35 caballeros Templarios en Francia.
La pintura que había estado viendo representaba la imagen del caballero Mezmerist, entonces había entendido que era una fotografía exacta tomada de lo natural.
Me encontraba perpleja, al entrar el ocaso de ese día salimos del Castillo y tomamos el tren de regreso a Languedoc.
Con la cabeza aturdida a la deriva regrese a casa pero no podía pensar con claridad, sentía como se estaba apoderando de mí ser, a medida que recobraba el ánimo y me iba acostumbrando a lo malévolo y morboso que podía llegar a ser ese nuevo acontecimiento, empecé a analizar todos esos aspectos de la repulsión y la incitación que me inspiraba todo aquello.
Encendí el candelabro y me recosté en el diván, ya no sabía si estaba del todo dormida, el reloj marcó las 3:00 am y se encontraba ahí situado en el mismo lugar de cada noche, esta vez la luz del candelabro reflejaba en él la más leal muestra de toda falta de humanidad, la sotana que vestía cubría sus más oscuras peculiaridades e intenté acercarme pero se desvaneció en la tenebrosidad de la habitación.
Volví a recostarme y en primer lugar, me pregunté a mí misma,
¿Qué es lo que me atraía a ese ser tan repugnante? y lo extraño del caso era que mi interés no provenía de mi apego por el cultivo de lo extravagante, misterioso y distorsionado, sino que era el mismo infierno, el tormento carnal, espiritual y la degradación del alma humana, ¡cielos! aquel hombre no tenía nada de romántico, era un mundo lleno de horror.
Ahora sabía que estaba enloqueciendo, mis ojos estaban completamente despiertos al llegar el alba de cada mañana ylos días se vestían  en asolación, ya no quería este mundo convencional solo esperaba ansiosamente el anochecer.
Lo presentía, nuestro próximo encuentro sería el último en esa habitación, el candelabro ya no se mostraba fulgurante, todo estaba por terminar y por fin llegó el momento del crepúsculo,  entré a mi alcoba e intenté dormir.
Mi subconsciente por costumbre se despertó a medias tintas a la misma hora de cada noche, un sonido estrépito y un resplandor argénteo brotó en el fondo del dormitorio, al lado del candelabro se abrió el umbral para ir con él, caminé en el nimbo y cuando volví en sí, me di cuenta que yacía en el mundo de los muertos y que era en ese lugar donde quería estar, su presencia la sentía tan cerca, que decidí tomar su mano y en las tinieblas me quedé.

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Desenterrando el deseo,desde el infierno.

Sentada en mi mesilla
pensando en ti mi pesadilla
encontrando la belleza de nuestra  vida muerta
regocijándome entre alas de mariposas negras
ho! Demonios, ¡   oh! Señor seducción
contemplando el insomnio,  atrapándote en la imaginación
desenterrando el deseo,  amante de la creación
con los poetas malditos,  sus palabras  a tú oído
susurran una infernal pasión.

Sitio oficial: http://www.shanidze.com/en/index.php

Sitio oficial: http://www.shanidze.com/en/index.php , Fotografía de Irakly Shanidze.

 

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Fue en una noche.

Quién se acercó en una noche
oliendo a perfume de violetas
para pensar en besarte
en poder contemplarte
y de la cintura tomarte.

A mordidas acariciarte
a la luna llevarte
y disimuladamente
con sus manos acercarte
tú sin poder escaparte
aceptaste al instante.

Sin dejar de mirarse
con su boca comiéndote
término por tenerte
y tú en sus brazos quedarte.

 

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ME PUSE EL MEJOR DISFRAZ PARA TI.

En mi habitación  mi corazón revoloteaba como un ave
feliz y tétrica a la vez, se agitaba sin cesar como en un cielo sin nubes.

Como un cuervo agreste me empujó hacía el espejo y vi mis ojos
llenos de confusión, eran como agujeros
sin fin extraviados en el crepúsculo, como una mirada vaga,
provocativa, curiosa y taciturna que se disfrazaba de si
misma.

Elegí el disfraz de esa noche y entre telas de seda, joyas preciosas
y muebles cristalinos, ahí reposaba mi cabeza vacía de pensamientos para ese momento,
medité la tranquilidad por largos minutos. Con la fuerza estrujada entre las entrañas
para aquella mencionada celebración, tomé el bolso y salí corriendo.

En el aludido lugar contemple fríamente la atmósfera que se
respiraba, recuerdo que al llegar fingí no mirarlo, pero los
insultos silenciosos estallaban en mi mente, la ahora nueva
fémina de sus sonrisas regocijaba al otro lado.

La multitud y él presenciaban la esbeltez elegante de mi disfraz y
después de un corto lapso de tiempo él y yo desaparecimos
del espacio. Nos evaporamos así como el agua en un desierto abrasador.

Las manecillas del reloj parecían detenerse cuando nuestras
miradas se dispararon una contra la otra. Entonces aprecie el
singular aspecto de una culpable alegría. Se encontraba tan
cerca, que podía inhalar sus suspiros, me quemaba por dentro y
me llenaba de un deseo constante. El aire extraño de la
habitación revelaba el reencuentro de un amor pasado.

En medio de la noche oscura, volví a recorrer su
cuerpo como una arma febril, rosaba sus manos al seno desnudo
como un amante en su juego salvaje saciando su sed.

La tortura de tal placentero instante nos envolvía en un solo
cuerpo firme, sus caricias en toda mi piel hacían fiestas extrañas.

Sentir sus besos otra vez enloquecían todo mi ser, bajo los
rayos de la luna el reloj comenzaba a avanzar y la noche que
nos vestía a desaparecer.

El sol radiante empezó a cubrir nuestra habitación, donde los
suspiros de viejos amantes, fueron solo brisas ligeras de una
noche efímera.

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