El hombre del candelabro.

No sabía si estaba enloqueciendo pero desde mi visita a uno de los museos del Castillo de Montwimer no podía conciliar el sueño, me perdía en el abismo de la noche como si estuviese en otra dimensión. Soñaba con él y veía su silueta cada noche al tocar las manecillas del reloj las 3:00 am, lo veía ahí posando aún lado de ese trasnochado candelabro de mi habitación.
Habían pasado 75 días desde que me mude de York, Inglaterra a un poblado de la región de Languedoc al sur de Francia. Ya era Octubre de 1991 y el invierno se empezaba a notar, los vientos brumosos opacan la esbeltez de Languedoc, mi mente seguía asfixiada, sentía el ansia de regresar a Montwimer y rencontrarme en ese lugar donde le vi por primera vez.
Al día siguiente desperté muy temprano y salí corriendo a casa de Nadja, ella pensaba que en realidad estaba trastornada con el cuento del hombre en mi habitación pero no tenía por qué pensar que estaba loca, hay muchos por ahí que tienen manías raras, le convencí de viajar hacía aquel inquietante lugar. Tomamos un tren a primera hora, debo admitir que estaba nerviosa nunca me gusto ese maldito tren.
Llegamos a mitad del día apresuradamente subimos la colina para llegar al lóbrego Castillo, me adentre en una de sus salas donde vi aquella antediluviana pintura, la observe con detenimiento, la fisonomía del hombre en ese retrato era completamente antropomorfa, partes de su cuerpo se mostraban calcinadas, era un boceto nauseabundo y las monstruosidades en sus ojos a medio terminar echaban miradas que parecían el vivo infierno, su rostro mostraba el singular aspecto de la culpa y el deseo.
Mi corazón empezó a latir rápidamente, una presencia perversa invadía la atmósfera del lugar, con las piernas temblando giré la cabeza hacía el final del pasillo y ahí estaba ese hombre sentado sobre ese viejo sofá en desuso, me encontraba totalmente confundida ese era sin duda otro hombre, no tenía para mi percepción alguna relación con el retrato de la pintura, su porte figuraba el de todo un caballero de la edad media, uno de esos varones privilegiados y poderosos.
Comencé a acercarme, algo me incitaba hacía él pero este se iba desvaneciendo, todo paso tan rápido que mis ojos no alcanzaron a grabar completamente su rostro solo sabía que su cabello era de un color castaño oscuro, largo y quebradizo y su piel más que blanca era un pálido muerto. En otro intento fallido por acercarme a la razón de mis noches sin sueño, regrese a encontrarme con Nadja en la biblioteca, una de las más grandes de Montwimer y que se encontraba precisamente en este Castillo, Nadja ojeaba un antiguo libro que describía la caza de brujas en la edad media, ¡por dios! la pintura que me estaba enloqueciendo estaba descrita ahí, comencé a leer con desespero y por alguna estúpida razón aparece ese hombre en una de las páginas del libro, era un miembro de la familia de los Mezmerist, uno de los caballeros Templarios que fue perseguido por autoridades eclesiásticas acusado de inmoralidad, blasfemia y ocultismo y asesinado bajo tortura en Octubre de 1307 junto a otros 35 caballeros Templarios en Francia.
La pintura que había estado viendo representaba la imagen del caballero Mezmerist, entonces había entendido que era una fotografía exacta tomada de lo natural.
Me encontraba perpleja, al entrar el ocaso de ese día salimos del Castillo y tomamos el tren de regreso a Languedoc.
Con la cabeza aturdida a la deriva regrese a casa pero no podía pensar con claridad, sentía como se estaba apoderando de mí ser, a medida que recobraba el ánimo y me iba acostumbrando a lo malévolo y morboso que podía llegar a ser ese nuevo acontecimiento, empecé a analizar todos esos aspectos de la repulsión y la incitación que me inspiraba todo aquello.
Encendí el candelabro y me recosté en el diván, ya no sabía si estaba del todo dormida, el reloj marcó las 3:00 am y se encontraba ahí situado en el mismo lugar de cada noche, esta vez la luz del candelabro reflejaba en él la más leal muestra de toda falta de humanidad, la sotana que vestía cubría sus más oscuras peculiaridades e intenté acercarme pero se desvaneció en la tenebrosidad de la habitación.
Volví a recostarme y en primer lugar, me pregunté a mí misma,
¿Qué es lo que me atraía a ese ser tan repugnante? y lo extraño del caso era que mi interés no provenía de mi apego por el cultivo de lo extravagante, misterioso y distorsionado, sino que era el mismo infierno, el tormento carnal, espiritual y la degradación del alma humana, ¡cielos! aquel hombre no tenía nada de romántico, era un mundo lleno de horror.
Ahora sabía que estaba enloqueciendo, mis ojos estaban completamente despiertos al llegar el alba de cada mañana ylos días se vestían  en asolación, ya no quería este mundo convencional solo esperaba ansiosamente el anochecer.
Lo presentía, nuestro próximo encuentro sería el último en esa habitación, el candelabro ya no se mostraba fulgurante, todo estaba por terminar y por fin llegó el momento del crepúsculo,  entré a mi alcoba e intenté dormir.
Mi subconsciente por costumbre se despertó a medias tintas a la misma hora de cada noche, un sonido estrépito y un resplandor argénteo brotó en el fondo del dormitorio, al lado del candelabro se abrió el umbral para ir con él, caminé en el nimbo y cuando volví en sí, me di cuenta que yacía en el mundo de los muertos y que era en ese lugar donde quería estar, su presencia la sentía tan cerca, que decidí tomar su mano y en las tinieblas me quedé.

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