Gritó el eco.

-¡Soy buena mujer!, ¡Soy buena mujer…!

-¡Soy buena mujer!, -gritó el eco-, ¿y quiénes no lo pueden ver? Aquellos que no ven más allá de las apariencias, errores y defectos.

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¿Cómo un sueño?.

En el cosmos de mi cabeza, tu figura deslumbrante me enloquece en un abismo donde solo existen nuestros cuerpos bailando. A veces maldigo la existencia de tu ser, pero más reniego de mi  debilidad ante el gusto de tu sonrisa, a la seducción del sonido de tu voz y al beso de cada noche. Dibujo castillos de sal y un cielo irisado para empezar a escribir nuestra vida con gotas de lluvia , bajo el arcoíris que me invento. Pierdo la cordura como una loca a la deriva cuando no te encuentro y siento emocionarme cuando escucho tu voz buscándome, y como dice Todo o Nada , lástima que fuera como un sueño o quizás no lo sé.

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“En el lago gris, donde se bañan los ogros la dulce y gentil dama guardo su corazón, esperando que un caballero le rescatara, soñaba, sin embargo los caballeros no llegaban, los ogros ante cualquier ruido su furia mostraban, celosos de que lo único hermoso de ese lago gris le arrebataran, dinos princesa, ellos preguntaban, ¿porqué no logras distinguir el resplandor de lo extraño en este mundo solitario. Quien es mas caballero el temerario que solo robará tu corazón en un gesto vano, o el extraño monstruo que ha estado aquí contigo en el pantano?”

Una nota de un gran amigo … Edgar Neftaly Garcia Osorio.

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El pueblo Sin Nombre, donde habitan moustros de seis cabezas.

A Neza…

Recuerdo la historia de Neza, Director de una escuelita primaria al sur del Pueblo Sin Nombre. Caminos hacía las llanuras, panoramas llenos de fango, por las desdichas que los moustros de seis cabezas habían provocado en la gente de ese lugar.

Mi recuerdo no va más álla de esa tierra y de la noche en que Neza, como muchas otras personas de esa villa, ya no regresan a casa.

Era una noche de Enero, los vientos brumosos en los últimos días de invierno opacaban los rayos de la luna, que apenas y penetraban entre las calles en desolación de ese pueblito. Aproximadamente las 20:00 horas de esa noche, Neza salio del trabajo en compañía de Juan, su fiel y joven amigo.

Neza saco el teléfono de la bolsa del pantalón y llamo a la Tía Victoria como todas las noches solia hacerlo. Y le dijo con un tono alegre:

– Tía Vicky, estoy a unos minutos de llegar a casa, Juan va conmigo a cenar.

– Sí- le contestó Vicky-, los espero aquí hijos, ¿qué les preparo para la cena?.

El grito de Juan fué lo último que escuchó la Tía Vicky, despúes de unos minutos nadie respondió a esa llamada. Pasarón ya varios minutos, horas y estos muchachos no llegaban a casa. La Tía Vicky insistio en el telefóno más de una docena de veces y solo cientos de timbres era lo que escuchaba.

Pasarón ya alrededor de 18 días, Neza y Juan jamás regresarón a casa, la Tía Vicky se encontraba al borde de la locura, calló al suelo como muerta y así permaneció varias horas. Cuando volvió en sí, estaba toda pálida y temblaba todo su cuerpo, imaginaba lo peor, sabía que los moustros de seis cabezas eran los autores de esa desaparición.

Pero, ¿qué hacían estos moustros, con esas personas?, algunos decían que les arrancaban la cabeza, otros que los sometían hacer sus esclavos y les obligaban a hacerle daño a sus semejantes.

Los habitantes de ese lugar, vivian con miedo, a las rodillas de las ordenes de parásitos que llegón a invadir sus tierras y sus vidas. Estaban artos y asqueados de la crueldad de esos hombres convertidos en moustros con seis cabezas, aturdidos de tanta atrocidad, decepcionados de su patria cómplice de tales barbaries.

Crearon el infierno y lo trasladaron a la tierra, colmados por el enfurecimiento desde el fondo de sus entrañas, con la sombra de la culpa sobre sus cuerpos, por no hacer lo imposible para cambiar la situación del pueblo Sin Nombre, los habitantes de este lugar, decidierón volverse en una batalla furtiva, contra los crimenes cometidos por estos moustros y su hambre de poderío. Y en un futuro no muy lejano, esperan con ansías que una gran tormenta aniquile a toda esa gente superflua y llena de gusanos, que sea esa tormenta quien les arranque sus cabezas y las vomite muy lejos del pueblo Sin Nombre.

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Carta al pasado.

Y aquí sentada consumiendo mi noche los días de insomnio regresan, de esos días que estas despierto pero no del todo donde tu vida se vuelve nada.
Mi cabeza esta aturdida, nauseabunda y subyacente a la deriva, mis pensamientos tratan de calmarse e intento leer, escribir, pero hace ya algunos días que no plasmo lo que pienso en palabras escritas.

Me veo a mi misma y me pregunto: ¿qué es la felicidad?, ¿qué es el amor?, ¿qué es verdad?, ¿qué es voluntad y qué importancia tiene mi razón? Me es imposible no puedo concebir la concentración y la estabilidad mental.

Mi mente esta asfixiada y mis pensamientos turbulentos, una bofetada al viento y las ganas de escapar me incitan a salir corriendo sin rumbo alguno, correr y parar, mis pulmones se atragantan, respirar y seguir corriendo, inconscientemente me detengo y me encuentro en medio de la oscuridad, el universo conspira y le susurra al cosmos, miro al cielo y está nublado, veo una luna en cuarto menguante, en compañía de algunas estrellas, estas son mis jueces esta noche, las contemplo con todos mis sentidos y entonces le digo a todo mi ser:

Hace muchos meses, mi corazón bombardeaba felicidad, mi mente estrangulaba mis sentidos cuando escuchaban y pensaban su nombre. Y hoy apenas hace unas semanas, mi corazón esta monicaco y bombardea sangre descompuesta, mi mente tiene un rompecabezas presente y los dos han perdido la cordura por varios días.

Las cosas no están bien mi ser sabe lo que esta pasando pero mis ojos se vuelven tan ciegos ante la realidad que no quieren ver la aurora negra que esta emanando. El rompecabezas empieza a moverse por todo mi cerebro tratando de encontrar la pieza parásito que perturbo la vida que teníamos juntos, la duda me absorbe y encuentro 69,000 posibles que no hacen una verdad.

Sigo pensando, ¿en qué me equivoque?, mis juezas se adelantan y me castigan con la culpa, sigo creyendo que tal vez fui una mala persona, que lo abandone más de la cuenta o que mi ogro interior le amarro las alas para que ya no viniera a verme.

Pero una pieza del rompecabezas dice: ¡alto!, ya has vivido mucho tiempo entre la gente mediocre y miserable. Recuerda que él fue el propio juez de la vida que tenían juntos, hizo valer e imponer su propia razón y voluntad como si fueran una ley capaz de decidir lo que era bueno y malo para ese momento de sus vidas, primero se fue sin decir nada, luego sin un beso para despedirse.

Pasaron ya varios días y no he podido resolver el rompecabezas, sigo pensando que fui la que se equivoco, mi corazón ya no le obedece a mi mente, mi corazón dice que quiere estar contigo, buscarte y esperar por ti, mi mente dice que nos alejemos y dejemos de crear escenarios de futuros posibles.

Siguen más noches, más amaneceres y no encontraba la pieza parásito, pero ya no hacía falta buscar mucho, el viento me regreso la bofetada aunada con una tormenta eléctrica, el tiempo no era el factor de un separatismo, el factor era una nueva presencia en su vida, una nueva sonrisa.

La tormenta volcó de aguas negras y heladas mis días y mis noches, un rayo cayo e hizo estiércol este corazón, le puse un bozal a mi boca y explotaron por dentro todos mis sentidos, mi ser se puso a vociferar como una loca y mi prudencia se alejo de mi orgullo, todo se fue a volar y solo esperaban a que dijeras tu verdad y te hicieras pedazos.

Pero no, no dijiste nada en absoluto, entonces yo había olvidado algo que leí en ese libro que tenía en las manos cuando te conocí, había olvidado que hay hombres que solo tienen un enorme ojo, un hocico que requiere maduración y una oreja del tamaño de un hombre, escuchan muy bien pero no saben hablar, además también hay hombres tan deformes que todo lo hacen a medias como esas lluvias que están fuera de estación, sin saber decidirse y están siempre dudando como esos parásitos humanos que no quieren amar, pero si ser amados y comer del amor de los demás, esos parásitos que son tan pobres y no han aprendido a decir, si o no bajo su propia voluntad, sino que digieren cualquier cosa que se les pone enfrente.

El viento del dolor había dejado rocíos de odio y rencor sobre mi, rocíos que me hicieron sublimar contra ti por un largo tiempo, pero la tormenta termino y un enorme arcoiris no dejo que los vientos más nebulosos adormecieran para siempre en mi, ahora mi mente ordena a mis ojos estar bien abiertos, para que vean que hay muchas hojas verdes y flores multicolores a su alrededor como un enjambre colorido en una pradera después de la tormenta marchita y gris.

Y entender bien que la vida y el amor pueden llegar hacer algo maravilloso para la gente que no se traga cualquier cosa y que sabe decir, “yo, tú, si y no”.
Ahora mi corazón solo se retuerce de risa cuando recuerda la tormenta y hasta se hace daño de no poder contener la conmoción de una nueva vida.

Foto de  Cristina C. Aragón

Foto de Cristina C. Aragón

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Fantasmas de una sociedad nauseabunda.

Veo fantasmas de una sociedad nauseabunda que están por doquier, cuerpos palpantes consumados por el paso del tiempo, dónde todos son rostros desconocidos los unos para los otros, seres sin vida propia.

Cuerpos mecanizados, que son menos libres y menos felices que hace miles de años. Adoradores iconoclastas de dioses sin forma y sin materia absoluta, entes que buscan colmarse de objetos físicos y subjetivos, tal vez superfluos y efímeros para lograr un éxtasis de satisfacción y un segundo de embriagadora felicidad.

Algunos grandes hombres, algunos otros gentes mediocres y miserables que infectan la tierra, pero ambos son seres que han hecho algo para colocarse por encima de ellos mismos.

Consumidores de una realidad imperial que emana de esta vida sobreactuada, dónde los estereotipos sociales les dicen que hacer en todos los ámbitos de su vida y a su vez estos fantasmas son devoradores de una ansia frustrada por escapar y destruir su nocividad.

En esta sociedad nauseabunda el reino de los cielos y el infierno está en ellos mismos, estos fantasmas con grandes sueños imperecederos y algunos otros pusilánimes buscan aprender un nuevo sentido de la vida, propiciar una transformación dónde se manifieste su verdadera voluntad y recuperar la trascendencia del hombre en sí mismo.

Después de ver a estos fantasmas
de una sociedad nauseabunda,
me veo a mi misma
Y me doy cuenta de… que soy una de ellos.
(29.12.11)

Éxodos Sur, de Helen Escobedo (1934-2010).

Éxodos Sur, de Helen Escobedo (1934-2010).

 

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Tú, la razón de mi locura.

Hombre de mi vida, amante de mis noches
Mi mente deambula y no quiere desprenderse
de tus labios, de tu piel, de tus caricias
y de esa mirada que provoca todas mis perversiones.

Te pienso, te imagino y te quiero.
Eres el causante de mis sonrisas
el cosmos que me éxita
la razón de mi demencia
y la percepción que me incita
a perderme en tu figura.

Amo embriagarme con tus caricias
exudar con tu cuerpo y
desvanecerlo con el mío
frotar tu piel lucida con mis manos
y vivir ese momento disoluto a tu lado.

Quiero errar en tus sueños
colmar tus noches de mil besos almibarados
tenerte en mis brazos antes del amanecer
y allanar tu día con mis labios.

 

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